Los primeros rayos de sol hacían acto de presencia iluminando los vidrios de las ventanas del restaurante de Los Angeles, por cierto, uno de los más famosos de la ciudad. Y unas pequeñas posas de aguas descansaban en el asfalto, recordando que la noche anterior un pequeño diluvio había cubierto la ciudad.

Marcela buscó las llaves en su bolsillo, pero sin éxito, sacó sólo algunos envoltorios de caramelos, soltó un sonoro suspiro por no ser amiga del orden. Cuando procedía a revisar su mochila unas pisadas que escuchó tras su espalda le hicieron voltear votando las llaves al suelo cubriéndose de lodo. La chica llevó ambas manos a su boca y pegó un chillido. 


-Perdón, no fue mi intención asustarte- dijo Nick recogiendo las llaves.

Marcela le arrebató las llaves de las manos y procedió a abrir la puerta sin decir palabra alguna. Al chico le tomó por sorpresa aquella actitud, pero no se rindió ahí.

-Qué bien que haya salido el sol, ¿no crees?- ¿pero que acaba de decir? hablar del clima no siempre era una buena opción, y menos para comenzar algo.
-No quiero ser grosera, pero no hablo con extraños- dijo sin mirarlo. Cuando logró abrir entró rápidamente prendiendo todas las luces.
-No soy un extraño, ayer me atendiste…
-Extraño- lo interrumpió- que te haya atendido no significa que nos conozcamos- dijo mientras ordenaba las mesas- y no te recuerdo tampoco.
Nick hizo una mueca y se quedó en la entrada. Era extraño, porque su dulce imagen no se había desvanecido con esa actitud de ‘querer ser ruda’, pero tampoco era la chica con la cual había tratado ayer.
-Bien, tu ganas, ordenaré algo ¿puedo ya? 
-¿Has visto el letrero de abierto? -dijo apuntando lo evidente.
-No
-Pues vuelve más tarde.

Nick llevó ambas manos a su bolsillo y se dispuso a marcharse. Pero todo no se acabaría ahí. Se subió a su camioneta sin antes que unos paparazzi lo detuvieran con sus flashes y unas cuantas preguntas. Cosa de todos los días. Hacer como si no estuvieran ahí era el como trataba con ellos. 
Subió el volumen de la radio y dio marcha al automóvil.  

-Hey, Marce, he llegado-saludó Alan colgando su abrigo- esta vez un taco me impidió llegar a tiempo, ¿Aaron ya llegó?- 
-Pero qué despistado andas, hoy es viernes, el jefe no viene.
-verdad- resopló aliviado- es que Vanessa me tiene en las nubes- se apoyó en una de les mesas.
-¡¿No me digas?! 
-¡Te digo!- ambos rieron.


Para el poco tiempo que llevaban de conocerse, se entendían muy bien. Alan era 3 años mayor que Marcela, lo que hacía que ella lo sintiera como a un hermano mayor. Aunque Alan sabía muy poco de la vida de Marcela, siempre intuía del como se sentía y que sucedía tras esa sonrisa. 


-¿Cómo van las cosas en tu casa?
-Bien, mi mamá ha encontrado trabajo
-¡Eso es magnífico! - exclamó- ya no necesitarás hacer tantas horas entonces.
-Oh, mira quién viene ahí- desvió su mirada hacia Laura quién venía algo cargada- Eh, Laura! ¿por qué llegas tan temprano?
-No me digan nada, afuera hay un montón de paparazzi, me hicieron unas preguntas de no se quién.
-¿Cómo dices?-
se asomó por la ventanilla que daba a la calle- Oh, es cierto, ahí hay un montón de ellos.
-Y yo que me los perdí porque entré por la parte trasera- rió Alan. ¿Y que te preguntaban?
-Ash, no sé, ustedes saben que no estoy ni ahí con ese tipo de cosas-
dijo entrando a la cocina-vengan, será mejor que pongamos este lugar en orden para comenzar a trabajar. 

Nick llegando al estudio prendió el televisor y dejó caer el control remoto contra el sofá, fue al refrigerador a sacar algunos alimentos nutritivos y terminó por hacer lo mismo que había echo con el control, dejarse caer en el sofá. Colocó ambos pies sobre la mesa de centro y le subió el volumen al TV. Hizo zapping un rato, y al no encontrar nada que fuera de su agrado terminó por apagarla. La chica del bar daba vueltas en su mente y en su corazón, no podía sacarla de ahí
Al poco rato, se durmió profundamente.


-Hey, bro ¿estás ahí? sentí ruido y pensé que eras tu- dijo Brian quién venía bebiendo agua con una pinta deportiva- ¿bro?- dijo por fin al haber acabado de bajar las escaleras.


Cuando verificó que su amigo dormía, dejó de hablar y se sentó en el sofá que estaba al lado del teléfono, sacó un papel de su bolsillo e hizo una llamada.

Los Angeles- California.

Marcela Hacía su pedido número 30 de la noche y ya estaba algo agotada. El estres del servicio la tenía un poco mareada, de tanto dar vueltas entre la cocina y las mesas, clientes que no siempre estaban conforme con lo que pedían, etc. Pero eso no impedía que en sus labios se dibujara una sonrisa que evidenciaba que no era sólo porque el trabajo se lo exigiera. 
Su madre había encontrado trabajo al fin, después de varios meses buscando, y eso sin duda le había subido los ánimos al cielo, esto implicaba, además, que en su casa no se respiraría por un buen tiempo el aire de desilusión. Estaba echa una pirinola.


-Hey Marce, ¿te encargas de la mesa 10 por favor?- preguntó tímidamente Alan, quién recién llegaba al recinto colgando su bolso en el perchero- Vi que una pareja tomaba asiento.
-Oh, si, claro Alan, gracias por avisar- resopló profundo, la noche estaba recién comenzando. Tomó su libretita y se dispuso a caminar hacia la mesa indicada.
-Gracias pequeña- sonrió- no le vayas a decir nada a Aaron que llegué tarde. Pero es que hoy estábamos de aniversario con mi novia, y ya sabes…
-Joo, no tienes de que preocuparte, de aquí no sale- hizo un gesto con sus manos a modo de silencio- además, el amor va primero que todo.- Iré a atender antes que se nos vayan- Alan rió.
-¿Qué le ocurre a Marce?- preguntó desde el fondo Laura.- Se le ve muy feliz.
-¿Ella no es siempre así? 
-Pero hoy de una forma exagerada- ató su delantal de cocina.  

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-Muy bien Nick, no lo vayas a arruinar- susurró Isabel una vez llegado al restaurante. 
-Como si alguna vez lo hubiera hecho- tornó sus ojos a blanco- Pero consciente de que su amiga tenía razón. 
-No tengo tiempo de discutir eso ahora contigo- se asomó sigilosamente por una de las ventanas que daban al interior del recinto, y Nick hizo lo mismo una vez que Isa le dio la señal de que hiciera lo mismo.
-Parecemos fugitivos- bromeó Nick.
-Mira, allá está mi amiga, la que lleva una colita de caballo-Nick achicó los ojos para poder ver mejor y alcanzar con la vista a la chica que Isabel le estaba señalando, pero sin éxito alguno, ya que el mozo que se encontraba del otro lado cerró las cortinas a pedido de la pareja que allí almorzaba.
-Rayos!- maldecio Nick- quién llevó ambas manos a sus bolsillos y dio media vuelta pateando una piedra contra la nada.
-No te preocupes, la distinguirás al segundo una vez dentro- se dio la media vuelta también limpiando su vestido que llevaba puesto.
-No es eso, es que yo… yo estoy nervioso- confesó e inmediatamente hizo una mueca con su boca.
-¿Perdón? ¿que acabas de decir?- rió Isabel- me refiero a que esa no es la actitud que mi amigo tomaría a la hora de conocer a una chica, ¿dónde quedó esa actitud ganadora y matadora del tan aclamado Nick Carter?- le recriminó- Además no tienes de que preocuparte, mi amiga es un encanto.
- Eso ya lo sé… es tan hermosa y…- Isabel llevó su mano a la boca de Nick- no mas babas, ¿vale? creo que con unas mil veces que me lo repetiste camino acá basta, sin contar claro los días anteriores.
- Nick soltó una sonora carcajada- a ver, a ver, no querrás que te saque en cara las veces que tu babeabas por…
-Ok, ya entendí- lo interrumpió- tu ganas esta vez.
Nick sonrió de una forma triunfante.
-Carter…
-Madriaza… - ambos rieron.
-Quiero recordarte que nosotros no nos conocemos, ¿queda claro?
-Ya lo sé- dijo en seco.
-Y otra cosa Carter. Si todo comienza a salir bien, no la lastimes- dijo seria.

-Ey, Marce, una niña te busca- le dijo Laura.
-¿ah si? - ¿quién podrá ser? pensó para si misma- gracias, iré a ver.

-¡Amiga! ¡qué sorpresa verte por acá!- dijo al ver a Isabel parada al lado de uno de los sujetadores de madera.
-¿Te llame sabes?- dijo mientras se abrazaban.
-¿De verdad?- sacó su celular de su bolsillo- tienes razón- dijo una vez corroborado  - perdóname, es que trabajando aquí pierdes el total de tu vida.
-No te preocupes- le sonrió.
-¿Te servirás algo?
-Si, creo que si- rió.
-Deja que yo te atienda, ve a elegir tu mesa e iré enseguida- dijo pasándole uno de los menús que sacó de una mesa.
-Pero no te apresures, tómate tu tiempo. 
Una vez corroborado que su amiga se había entrado a la cocina dio un rápido vistazo a la puerta de salida y le dio la señal a Nick de que entrara. Este entró y se sentó en una mesa haciendo como que leía el menú.
Marcela entraba al salón con dificultad, de un momento a otro el recinto se había llenado, pero con éxito llegó a la mesa de su amiga con su libretita para anotar el pedido.
-¿Y bien, qué pedirás?- dijo lista con su lápiz en mano- mira te recomiendo…
-Oh, amiga, me acaban de llamar de mi casa - la interrumpió- y es urgente, Thomas se ha escapado- inventó, sabía que no era bueno mentir, pero esto era por una buena causa, o al menos así lo pensaba- así que me voy volando- además veo que llegó clientela, de seguro ellos andan más hambrientos que yo- rió. 
-Oh, amiga, lo siento por Thomas- ¿estarás bien?- si quieres voy y te ayudo a buscarlo.
-¿estás loca?- no, quédate aquí, yo te llamo por cualquier novedad.
-Bien, pero me llamas, eh?
-Ni lo dudes- se despidió.



Alan y Laura llegaron al lado de Marcela y se organizaron para repartirse el trabajo. Era típico de todas las noches que el restaurante se llenara a esa hora.
-Marce, por allá un chico está levantando la mano- ¿vas tu?
-Ahí me tienes, jefe
-No soy tu jefe, si el supervisor- sobó su mano por su pecho- la peliroja rió.

Marcela se dirigió a la mesa de Nick que, a medida que iba caminando, se dio cuenta de como muchas miradas se dirigían hacia el. Le sorprendió, pero no la hizo detenerse a pensar como muchas veces hacía.


-¿Qué va a ordenar?- sonrió.
-Quiero el menú principal- indicó con el dedo- Pizza- ¿de verdad no sabe quién soy? pensó para si mismo.
-Qué buena elección- anotó- se la traigo enseguida, ¿algo más?
-Si, un vaso de vino tinto por favor…
-Anotado, ¿algún postre?
-No, así está bien- sonrió una vez más-


Marcela quedó algo perpleja con la sonrisa de aquel chico y sus ojos color del cielo mismo- y sonrió efusivamente mientras pasaba su mano por su cabello.


-Bien, ya viene su pedido.
-Señorita…
-¿si?
-¿Hay alguna maquina de música aquí?
-Al costado suyo- le indicó. 
Nick se sonrojó por lo tonto que sintió que había sido eso, estaba tan pendiente de Marcela que ni se percató de lo que lo rodeaba- dejó escapar una pequeña risa.

Tratar de aguantarme las ganas de darte un beso me agota, tratar de ignorarte me duele, tratar de no mirarte me mata, tratar de no reirme, me pone mal, tratar de no rozar tu piel, me fastidia. Cuando tengas claro tus sentimientos buscame, yo voy a estar ahí; pero de mientras no me lastimes.