Los Angeles- California.
Marcela Hacía su pedido número 30 de la noche y ya estaba algo agotada. El estres del servicio la tenía un poco mareada, de tanto dar vueltas entre la cocina y las mesas, clientes que no siempre estaban conforme con lo que pedían, etc. Pero eso no impedía que en sus labios se dibujara una sonrisa que evidenciaba que no era sólo porque el trabajo se lo exigiera.
Su madre había encontrado trabajo al fin, después de varios meses buscando, y eso sin duda le había subido los ánimos al cielo, esto implicaba, además, que en su casa no se respiraría por un buen tiempo el aire de desilusión. Estaba echa una pirinola.
-Hey Marce, ¿te encargas de la mesa 10 por favor?- preguntó tímidamente Alan, quién recién llegaba al recinto colgando su bolso en el perchero- Vi que una pareja tomaba asiento.
-Oh, si, claro Alan, gracias por avisar- resopló profundo, la noche estaba recién comenzando. Tomó su libretita y se dispuso a caminar hacia la mesa indicada.
-Gracias pequeña- sonrió- no le vayas a decir nada a Aaron que llegué tarde. Pero es que hoy estábamos de aniversario con mi novia, y ya sabes…
-Joo, no tienes de que preocuparte, de aquí no sale- hizo un gesto con sus manos a modo de silencio- además, el amor va primero que todo.- Iré a atender antes que se nos vayan- Alan rió.
-¿Qué le ocurre a Marce?- preguntó desde el fondo Laura.- Se le ve muy feliz.
-¿Ella no es siempre así?
-Pero hoy de una forma exagerada- ató su delantal de cocina.
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-Muy bien Nick, no lo vayas a arruinar- susurró Isabel una vez llegado al restaurante.
-Como si alguna vez lo hubiera hecho- tornó sus ojos a blanco- Pero consciente de que su amiga tenía razón.
-No tengo tiempo de discutir eso ahora contigo- se asomó sigilosamente por una de las ventanas que daban al interior del recinto, y Nick hizo lo mismo una vez que Isa le dio la señal de que hiciera lo mismo.
-Parecemos fugitivos- bromeó Nick.
-Mira, allá está mi amiga, la que lleva una colita de caballo-Nick achicó los ojos para poder ver mejor y alcanzar con la vista a la chica que Isabel le estaba señalando, pero sin éxito alguno, ya que el mozo que se encontraba del otro lado cerró las cortinas a pedido de la pareja que allí almorzaba.
-Rayos!- maldecio Nick- quién llevó ambas manos a sus bolsillos y dio media vuelta pateando una piedra contra la nada.
-No te preocupes, la distinguirás al segundo una vez dentro- se dio la media vuelta también limpiando su vestido que llevaba puesto.
-No es eso, es que yo… yo estoy nervioso- confesó e inmediatamente hizo una mueca con su boca.
-¿Perdón? ¿que acabas de decir?- rió Isabel- me refiero a que esa no es la actitud que mi amigo tomaría a la hora de conocer a una chica, ¿dónde quedó esa actitud ganadora y matadora del tan aclamado Nick Carter?- le recriminó- Además no tienes de que preocuparte, mi amiga es un encanto.
- Eso ya lo sé… es tan hermosa y…- Isabel llevó su mano a la boca de Nick- no mas babas, ¿vale? creo que con unas mil veces que me lo repetiste camino acá basta, sin contar claro los días anteriores.
- Nick soltó una sonora carcajada- a ver, a ver, no querrás que te saque en cara las veces que tu babeabas por…
-Ok, ya entendí- lo interrumpió- tu ganas esta vez.
Nick sonrió de una forma triunfante.
-Carter…
-Madriaza… - ambos rieron.
-Quiero recordarte que nosotros no nos conocemos, ¿queda claro?
-Ya lo sé- dijo en seco.
-Y otra cosa Carter. Si todo comienza a salir bien, no la lastimes- dijo seria.
-Ey, Marce, una niña te busca- le dijo Laura.
-¿ah si? - ¿quién podrá ser? pensó para si misma- gracias, iré a ver.
-¡Amiga! ¡qué sorpresa verte por acá!- dijo al ver a Isabel parada al lado de uno de los sujetadores de madera.
-¿Te llame sabes?- dijo mientras se abrazaban.
-¿De verdad?- sacó su celular de su bolsillo- tienes razón- dijo una vez corroborado - perdóname, es que trabajando aquí pierdes el total de tu vida.
-No te preocupes- le sonrió.
-¿Te servirás algo?
-Si, creo que si- rió.
-Deja que yo te atienda, ve a elegir tu mesa e iré enseguida- dijo pasándole uno de los menús que sacó de una mesa.
-Pero no te apresures, tómate tu tiempo.
Una vez corroborado que su amiga se había entrado a la cocina dio un rápido vistazo a la puerta de salida y le dio la señal a Nick de que entrara. Este entró y se sentó en una mesa haciendo como que leía el menú.
Marcela entraba al salón con dificultad, de un momento a otro el recinto se había llenado, pero con éxito llegó a la mesa de su amiga con su libretita para anotar el pedido.
-¿Y bien, qué pedirás?- dijo lista con su lápiz en mano- mira te recomiendo…
-Oh, amiga, me acaban de llamar de mi casa - la interrumpió- y es urgente, Thomas se ha escapado- inventó, sabía que no era bueno mentir, pero esto era por una buena causa, o al menos así lo pensaba- así que me voy volando- además veo que llegó clientela, de seguro ellos andan más hambrientos que yo- rió.
-Oh, amiga, lo siento por Thomas- ¿estarás bien?- si quieres voy y te ayudo a buscarlo.
-¿estás loca?- no, quédate aquí, yo te llamo por cualquier novedad.
-Bien, pero me llamas, eh?
-Ni lo dudes- se despidió.
Alan y Laura llegaron al lado de Marcela y se organizaron para repartirse el trabajo. Era típico de todas las noches que el restaurante se llenara a esa hora.
-Marce, por allá un chico está levantando la mano- ¿vas tu?
-Ahí me tienes, jefe
-No soy tu jefe, si el supervisor- sobó su mano por su pecho- la peliroja rió.
Marcela se dirigió a la mesa de Nick que, a medida que iba caminando, se dio cuenta de como muchas miradas se dirigían hacia el. Le sorprendió, pero no la hizo detenerse a pensar como muchas veces hacía.
-¿Qué va a ordenar?- sonrió.
-Quiero el menú principal- indicó con el dedo- Pizza- ¿de verdad no sabe quién soy? pensó para si mismo.
-Qué buena elección- anotó- se la traigo enseguida, ¿algo más?
-Si, un vaso de vino tinto por favor…
-Anotado, ¿algún postre?
-No, así está bien- sonrió una vez más-
Marcela quedó algo perpleja con la sonrisa de aquel chico y sus ojos color del cielo mismo- y sonrió efusivamente mientras pasaba su mano por su cabello.
-Bien, ya viene su pedido.
-Señorita…
-¿si?
-¿Hay alguna maquina de música aquí?
-Al costado suyo- le indicó.
Nick se sonrojó por lo tonto que sintió que había sido eso, estaba tan pendiente de Marcela que ni se percató de lo que lo rodeaba- dejó escapar una pequeña risa.